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Saturday, March 25, 2006

NUEVO PERIODICO EN CALBUCO

En las primeras semanas de marzo los calbucanos han recibido el regalo de un nuevo medio de comunicación para la comuna. En una feliz iniciativa, D. Claudio Márquez Maragaño y D. Pablo Andrés Barría González, iniciaron la travesía en la información con EL CALBUCANO. La publicación pretende editarse semanalmente con los avatares de la vida del terrimaritorio calbucano. Es deber de todo calbucano contribuir a su permanencia en el tiempo de esta propuesta. La edición 0 partió con 16 páginas tamaño tabloide.
La dirección electrónica de EL CALBUCANO es: periodistacalbucano@gmail.com
Invitados por D. Claudio Marquez, publicamos el siguiente artículo en esta edición

NACIMIENTO DE UN PERIODICO
Por JOSE D. MANSILLA ALMONACID
Historiador

Tal vez una de las cosas más hermosas que puede hacer un periodista es crear y hacer andar desde la nada, un medio de comunicación.
Este es el reto y la ilusión que Claudio Márquez Maragaño y Pablo Barría dan inicio con la aparición de EL CALBUCANO.
La aparición de un medio de comunicación es siempre un hito en la historia cultural de un pueblo.


Desde que el hombre apareció sobre la faz de la tierra, ha tenido la necesidad de comunicarse y enterarse de lo que acontece en su entorno para desarrollarse socialmente. Esta necesidad lo llevó a crear diferentes medios de comunicación: señales de humo, jeroglíficos, sonidos, música, etc.

A Julio Cesar, el emperador romano asesinado en los idus de marzo, se le atribuye la creación del primer periódico en el año 59 a.n.e.: El Acta Diurna. Eran unos tablones blancos que se exponían en los muros del palacio o en el foro romano, en los que se recogían los últimos acontecimientos acaecidos en el imperio. Esta publicación diaria era en parte oficial ya que se difundían las noticias de la corte, los decretos imperiales, del senado, y magistrados; también informaba los avisos de nacimientos, uniones y muertes.

Algunas Actas Diurnas aún se conservan y son muestra de ingenio informativo. Existieron corresponsales populares y anónimos, quienes en su recorrido por la ciudad recogían lo que veían y oían. El mérito de Julio Cesar fue haber reconocido el valor de la opinión pública y satisfacer el interés de quienes, alejados de Roma, querían conocer el desarrollo de la política y el comercio.

En las alborotadas ciudades burguesas de la Edad Media eran muy comunes las hojas escritas con noticias comerciales o económicas. En la zona de Venecia aparecieron astutos agentes de comerciantes llamados rapportisti, quienes interrogaban a los soldados, mercaderes o simples viajeros. Por esa época aparecen los avissi, que eran hojas manuscritas con noticias. El precio de estos papeles era una moneda llamada gazete o gaceta; se vendían en los puertos e informaban de los sucesos ocurridos en el mar Mediterráneo.

Alrededor de 1570 aparece la censura religiosa condenando y castigando severamente a los redactores de avisos que informaran ofensivamente contra la Iglesia.

Con la invención de la imprenta empezaron a crecer numerosos periódicos. El más antiguo que aun existe en Suecia es el Post och Inrikes Timdigne fundado en 1645.

En América hispana apareció el 1721 La Gaceta de México y Noticias de la Nueva España; luego El Mercurio Peruano. En Chile junto con las acciones de la emancipación de la corona española, nace la Aurora de Chile.

Ya en el siglo XVIII los líderes políticos tuvieron conciencia del gran poder que podían tener las gacetas para influir en la población y comenzaron a proliferar los periódicos de grupos políticos. En el siglo XIX los empresarios descubren el potencial económico del periodismo y surgen las publicaciones parecidas a los diarios actuales.

Convertido en el “cuarto poder” de las democracias, actualmente el periodismo oscila entre la imagen romántica del árbitro social y vocero de la opinión publica y la inescrupulosa empresa comercial que intrusiona en la vida privada y exagera la dimensión que otorga a las noticias escandalosas, faranduleras y policiales.

Sin embargo también ha creado a serios comentaristas de la vida social y política, geniales humoristas, dibujantes y acuciosos investigadores documentados. Esta información es valiosa para tener opinión y necesaria para tomar decisiones.

UN VISTAZO A LA PRENSA EN CALBUCO

En el invierno de 1900 aparece el primer periodico calbucano. El casi millar de habitantes de la antigua villa de madera entraba al siglo XX con una fisonomía de adormecimiento en su desarrollo cultural. El 15 de julio de ese año Emilio Schmidt edita EL SOL. Secundaba al propietario como administrador y redactor, Belisario Goicolea, notable hombre público y amigo del presidente Balmaceda.

El espíritu que animaba a su propietario se manifiesta en el editorial del primer ejemplar: Desde años quedo provocada mi sorpresa al notar la estoica indiferencia de los vecinos del Departamento de Carelmapu a los sucesos y adelantos y retrocesos de su comarca...la piedra de toque...de la prosperidad de un estado, provincia...es el periodismo i todos conocemos su pobreza en la provincia de Llanquihue...He estimado insostenible que esta zona de tan vasta extensión siga estagnante e imperioso que alguien ponga un periodico a disposición de los pobladores...El ensanche oportuno del periodico i la consiguiente variedad de su contenido dependerá como es lójico de la acojida que le dispense el público.

El último ejemplar que hemos visto de este semanario sabático fecha en 18 mayo 1901, por lo tanto si apareció regularmente habrá alcanzado alrededor de 45 o 46 ediciones. Se editaba en la imprenta El Sol ubicada en calle Isidoro Errázuriz. El precio del ejemplar suelto era de 10 centavos.

En el transcurso de la primera mitad del siglo XX aparecieron otros periódicos en Calbuco: En 1906 el sector conservador y clericalista, bastante bien representado por Lázaro Alvarado edita LA UNION, que expira en 1927. Se publicaron casi 1200 ediciones.

Según E. Barruel, en 1907 Francisco Martínez editó el primer IMPARCIAL.

El 5 de septiembre de 1908 aparece EL PUEBLO que se autotitula Períodico Político y vocero de las ideas liberales avanzadas. Su propietario fue Pedro Mayorga. Este semanario desapareció y volvió a reaparecer publicándose hasta 1914.

En el verano de 1909, entre 19 y 26 de febrero, se publicaron 4 ediciones de EL BRUJO, un Periodico Politiquero de malas pulgas de cortísima vida.

Hacia 1922 el 3 de junio nace EL FARO, que se autodenomina Periodico Radical. El precio por ejemplar era 20 centavos y como editor figura Pedro Mayorga. Se conservan ejemplares hasta el 24 de diciembre de 1925, llegando hasta un tiraje de 200 ediciones.

En 1938 el Centro Cultural Alejandro Flores inició las gestiones para la creación de un periodico en Calbuco. Así el 27 de Agosto de 1938 con Ernesto Olavarría como editor responsable aparece EL IMPARCIAL, cuya trayectoria en el quehacer calbucano fue tronchada el fatídico 31 de enero de 1943, cuando junto con el gran incendio que asoló el pueblo, sus instalaciones también fueron amagadas, desapareciendo la publicación.

En las últimas décadas del siglo XX e inicios del siglo XXI han aparecido esporádicas e intermitentes publicaciones seriadas que informan y opinan de los afanes calbucanos como La Revista del Magisterio, El Chucao, El Sótano, La Araña Gris, Cuadernos de Caicaen, La Voz del Archipiélago de Calbuco, El Archipiélago. Pero es notoria la ausencia de un periódico que sea centro de opinión, crítica y debate de las cosas públicas. Creo y espero que EL CALBUCANO vendrá a ocupar ese necesario espacio. Sin embargo es imprescindible que el comercio, la industria, las instituciones apoyen esta iniciativa con el avisaje necesario para su permanencia en el tiempo.

Hace miles de años el hombre llegó para quedarse en este archipiélago; oleadas de invasores e inmigrantes han arribado a traves de siglos. Todas estas diferentes culturas se han integrado. Gracias a este sincretismo hemos creado una cultura singular. En las últimas décadas el fenómeno es total. Las nuevas tecnologías han globalizado el mundo, aceptar este mundo no significa, olvidar, perder las raíces. Al contrario asimilando los nuevos desafíos, privilegiando lo local: la cultura de nuestros padres, abuelos, tenemos que integrarnos a ese mundo sin dejar de ser profundamente calbucanos. Solo se desintegra quien no honra la casa de sus padres.

En la cultura local me parece que está el desafío de Márquez y Barría. El privilegio de lo local, abierto al mundo, más allá de estar contemplándose el ombligo, creo que es el desafío de EL CALBUCANO, que debe convertirse en otro jalón de la Historia de Calbuco.

Santiago, 21 de febrero de 2006

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