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Thursday, August 31, 2006

LOS BOMBEROS DE CALBUCO


EL CUERPO DE BOMBEROS DE CALBUCO CUMPLIO 104 AÑOS DESDE SU FUNDACION.

COMO HOMENAJE Y SALUDO; CAICAEN PUBLICA ESTE PARRAFO, EXTRAIDO DEL LIBRO CENTENARIO DEL CUERPO DE BOMBEROS.

Buscar en el pasado el sentido de las huellas que hoy permanecen en las instituciones calbucanas es comenzar a elaborar críticamente la conciencia de lo que realmente son: es decir el producto de su desarrollo histórico en el que han dejado impresas sus jacillas los visionarios que fundaron estas instituciones y aquellos seguidores, no menos altruistas, que plasmarán en presente y futuro los ideales de los pionero

Porque ese es el sentido de toda Historia: encontrar a los hombres que han vivido los hechos y a los que más tarde se alojaron en ellos; incluso los más humildes, aquellos actores de la Microhistoria.

Hechos históricos tan cercanos a nosotros que nos permiten identificarnos con la ciudad donde recibimos las vivencias, causionados por el devenir de siglos y que con seguridad permiten arraigarnos al presente y proyectarnos al futuro.

El devenir histórico del Cuerpo de Bomberos de Calbuco que cumple hoy 100 años de existencia es el mejor ejemplo para ilustrar esta reflexión, porque los miembros de esta institución calbucana, - voluntaria como pocas- se nutren de su tradición ya centenaria y con la impronta de los grandes valores de la vocación de servicio público, abnegación y sacrificio, resueltamente se proyecta hacia el futuro, modernizándose -hombres e instrumentos- en forma constante y permanente, asumiendo los desafíos que el desarrollo industrial, el crecimiento de la ciudad y las innovaciones tecnológicas generan como nuevas situaciones y escenarios donde los voluntarios deben actuar.
Escribir acerca del Cuerpo de Bomberos de Calbuco -recobrar la crónica histórica bomberil- no es solamente acercarse al desenvolvimiento de la institución; también es encontrarse con la ciudad del novecientos, siglo en que la villa se consolida como importante centro poblado de la provincia y principal elaborador industrial de productos marinos y madereros.

Mientras recopilábamos antecedentes para redactar la Crónica Centenaria de la organización, una y otra vez constatábamos la imbricación de la Historia de los Bomberos con la Historia de la ciudad. Esa ciudad de bordemar sita en la antigua isla de Caycaen y que el año 1902 ya casi cumplía sus tres siglos de existencia desde que fuera evolucionando a partir del fuerte San Miguel fundado por Francisco Hernández Ortiz-Pizarro en 1603.

Calbuco se asomaba al siglo XX cambiando su fisonomía de pueblito confinado y adormecido en su desarrollo espiritual y material por causa de los caudillos locales más atentos a seguir imponiendo su poder político y obtener granjerías económicas, como fue el último cuarto del siglo anterior.

La villa que en 1895 tenía 629 habitantes, en menos de 7 años había remontado su población en 1902 a 1135 habitantes, repartidos entre industriales, comerciantes, funcionarios estatales, trabajadores de las fábricas de conservas, marineros, bolicheros, pescadores, artesanos y los integrantes de sus familias y allegados.

El dispar casco urbano del pueblo se componía en la época del nacimiento del cuerpo bomberil en algunas aisladas casonas de 2 a 3 pisos, otros medianos y rectangulares caserones de dos pisos que albergaban tendales en su planta baja, las típicas casitas chilotas de 4 piezas, dos ventanas y una puerta a la calle y los 5 o 6 conventillos. Todas construcciones de madera techadas a dos aguas con la vernácula tejuela de alerce que se agrupaban a ambos lados de las calles de trazado irregular entre las que sobresalían Errázuriz, que era el centro comercial, Ernesto Riquelme, donde habitaban algunas familias pudientes, Vicuña Mackenna, Goicolea y Galvarino Riveros que llevaba al popular barrio La Vega, todavía entonces un enclave periférico del pueblo.

Las rústicas callejas no contaban con luz eléctrica y por las noches algunos huérfanos faroles a parafina iluminaban el frontis de escasas viviendas.

La vieja ciudad de madera de comienzos del siglo XX, se entibiaba en fogones, cocinas a leña y braseros; se iluminaba con velas y chonchones a parafina, elementos fundamentales para la vida cotidiana, pero que también eran los generadores de incendios.

Esa ciudad- con sus edificios: La Municipalidad, escuela, cárcel, iglesia, dispensaría, veintena de tiendas, seis establecimientos industriales, sus mueblerías, zapaterías, hoteles, carnicerías, sastrerías, cervecerías, botica y medio centenar de baratillos- es la ciudad que a partir de 1902 ve accionar en sus calles y plazas a un hombre nuevo, que llegaba para quedarse en el tiempo: el Bombero Voluntario.
El futuro bombero que vive y comparte con esta ciudad, nacido la más de las veces del seno de las familias calbucanas, surge a través de la institución como individuo puesto al servicio solidario de proteger a los ciudadanos y sus bienes materiales de la acción devastadora de los incendios. Y a lo largo de los 100 años de existencia del cuerpo bomberil calbucano sus integrantes se renovarán una y otra vez, como un tributo de amor a sus conciudadanos.

Cien años han transcurrido desde aquellos días primeros. La ciudad es otra: se ha poblado de nuevos estímulos, se ha llenado de ruidos y anacronismos; se nos va de la retina invadida por realidades habitadas en otras latitudes y que buscamos remedar. Las instituciones ciudadanas positivas parecen ser replegadas o tal vez nos hemos acostumbrado tanto a su presencia que olvidamos valorar. Vaya con esto mi reflexión.
El Cuerpo de bomberos de Calbuco que hoy cumple 100 años de existencia, tiene legado de tradición: Gran parte de lo más granado de los hombres de la ciudad ha transitado por sus filas y se ha nutrido de su tradición ya centenaria. Así ha sido en toda época y sus más de cien integrantes de hoy, son los legítimos herederos de aquellos bomberos voluntarios del período heroico.
Cada voluntario de hoy es el continuador de aquellos antiguos bomberos, ataviados con los cascos alemanes del ejército chileno que al repiquetear agitado de la pequeña campana de la guardia de policía de la cárcel y a los gritos de ¡incendio! Cogían los carros de los antiguos bombines y los conducían a brazos traqueteando por entre las grandes piedras e irregularidades de las calles isleñas, mientras desplegaban mangueras, escaleras, lanzaban cordeles, garfios, hundían el chorizo en algún pozo ex profeso y la cuadrilla de bomberos ubicados a ambos lados de los mangos de madera del bombín subía y bajaba los brazos alternadamente produciendo la presión de agua para proyectarla desde el pitón con fuerza hacia el foco amagado.Desde lo más hondo de nuestros corazones calbucanos saludamos a esta institución centenaria y con nuestra discreta condición de constructores de la historia calbucana, nos arrogamos la representación de sus habitantes para desear a sus integrantes un progreso cada vez más creciente para el distinguido Cuerpo de Bomberos de Calbuco.

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