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Thursday, June 26, 2014

JOSE E. MONEVA MUÑOZ: Fragmentos de la Memoria del Pueblo



Fragmentos de la memoria del pueblo:

Don José Enrique Moneva Muñoz
                          

Continuando con El Archivo de la Memoria Calbucana del Siglo XX, CUADERNOS DE CAICAEN entrega en esta oportunidad la entrevista que Alejandro Vivar Díaz hizo a don José Moneva en noviembre de 1996.

En un mundo donde parecieran cada vez más escasos los valores de la solidaridad, José Moneva nos señala testimonios de su entrega por el bien de los otros.
Vinculado a una disciplina que debe mitigar el dolor físico ajeno, su testimonio es ejemplo de profesionalismo y varonía. En un tiempo tan individualista y donde la mezquindad oculta el mérito del prójimo (salvo si es para beneficio propio = yo lo conocí), José Moneva pide disculpas si al enumerar a los colaboradores del antiguo hospital de Calbuco se le olvida algún nombre.
Meritorio trabajo el de Alejandro Vivar, cuando se inscribió como colaborador de nuestra revista,
              
EL REDACTOR



CAICAEN: ¿De dónde proviene la familia Moneva?
DON JOSE: Realmente nosotros provenimos de España. Pero también en Francia hay un lugar que se llama Moneva. En España se enmarca la “Aldea de Moneva” y los padres de mi papá vivieron en Mara. Mi papá nació en Villa Felice, pero creció en Mara y permaneció allí hasta el fallecimiento de mis abuelos españoles, esto queda ubicado en la provincia de Zaragoza.
A poca edad mi padre se vino a América. Primero llegó al Brasil; después estuvo en Argentina, Y a Chile llegó como en el año 1920-1921 y entonces conoció a mi madre. Mi madre se llama Elicia Muñoz. Ella era hija de un contratista relacionado con la construcción de casas habitacionales y viviendas. Incluso trabajó en la construcción del regimiento Sangra de Puerto Montt. Eso por el año 1922...
Después de vivir en Puerto Montt nuestros padres se radicaron aquí en Calbuco. Llegamos más o menos en 1931 y yo recuerdo que en aquel tiempo nosotros tuvimos el Pan Integral, un pan de mala calidad, tanto que el pan realmente no subía, se desparramaba nada más. Debe haber sido en tiempos de la caída del presidente Ibañez, que fue precisamente en 1931.

CAICAEN. ¿Cuántos años tenía Usted entonces? y ¿Qué es lo más que recuerda?
DON JOSE:  Yo tenía unos 5 años y lo que más me recuerdo era el pan...Nosotros cuando llegamos aquí a Calbuco, fuimos a la casa del amigo Betty Guerrero, donde actualmente vive, entonces esa casa era un poco chica y mi padre se trasladó donde actualmente vive Don Raúl Munson.
Cuando recién llegamos a la casa donde vive Betty Guerrero, nosotros teníamos una empleada y éramos 4 o 5 hermanos y de repente cuando estábamos en el patio vino la empleada y nos dijo: “Entremos a la casa”. Porque había visto un brujo y nos encerró en la cocina y nosotros queríamos mirar...especialmente yo que quería saber cómo eran los brujos y no me dejó, porque dijo que algo malo me podía pasar. Mis otros hermanos deben haber tenido el mismo instinto que yo; impaciencia por observar que estaba pasando con el brujo y allí nosotros conocimos lo que era  “El Brujo” en cuanto a palabra, de acuerdo a que volaban y se convertían en perro y en un montón de cosas con luces en su cuerpo, que sé yo...

CAICAEN: ¿Cómo fueron los estudios de Pepe Moneva?
DON JOSE: Bueno, yo ingresé a la ESCUELA BALMACEDA muy tarde especialmente porque mi padre creía que yo me iba a morir porque era muy delgado. Incluso él le dijo a mi mamá que yo no iba a poder ir a España, porque me iba a morir. Nosotros estuvimos listos para ir a España; pero justo vino la “Guerra de España del 36” y se deshizo el viaje... en ese mismo momento destruimos nuestras cajas, unas cajas especiales que habían para viajes largos, se había mandado a hacer la ropa, después la ropa no nos llegó, después vino la guerra mundial y no pudimos ir...
Yo ingresé a la escuela el año 34 y por el problema de que yo era flaco. Mi padre me retiró como a los 2 ó 3 meses, así prácticamente comencé a estudiar en 1935, entonces en el segundo año el profesor me sorprendió que yo no sabía leer, leía como se dice de memoria y me dejó repitiendo junto con un amigo de apellido Gutiérrez que vivía en Caicaén, fuimos los únicos dos que quedamos repitiendo ese año.
Al próximo año tenía como profesora a la Srta. Rosa González, una profesora muy querida y que siempre nos llevaba dulces, confites...de cuando en cuando traía confites y le obsequiaba a todos los niños y ella también me sorprendió cuando nos hizo leer más o menos un minuto para ver cuantas palabras uno leía. Entonces yo leía de memoria; salí como en cuarto lugar y tuve el mismo problema, me salté una palabra y me pilló... y era una palabra re-fácil, era “en”. Me acuerdo perfectamente. Entonces me dijo:
-Cómo dice aquí...
-No yo tengo que empezar de nuevo, señorita...
-¿Porqué?
-porque yo leo de memoria le dije. Y entonces ella se preocupó y me enseñó y allí aprendí a leer. Pero yo nunca fui un alumno inteligente, brillante y gracias a Dios pude llegar en ese tiempo hasta 6º año, con mucha suerte salí a los 12 años.

CAICAEN: ¿Dónde estaba ubicada la Escuela Balmaceda?
DON JOSE: La Escuela Balmaceda estaba ubicada donde ahora está el Registro Civil, lo que yo tengo como duda es la edificación porque aquí abajo en la esquina donde vive el amigo Lucho Morales también hubo una escuela. Entonces si allí hubo una escuela –como recuerda la señorita de aquí al lado doña Alé Aguila – quiere decir que la escuela tipo Balmaceda estuvo allí, porque todas las escuelas Balmaceda eran edificios especiales a través de todo el país. Fueron edificaciones de cierta estructura que se hicieron durante el gobierno de Don Manuel Balmaceda, presidente de Chile. Así que la escuela en que yo estudié debe haberse construido tiempo después, porque se notaba que el edificio (estaba) era bastante nuevo. En ese tiempo también estaba la escuela de las mujeres en el mismo lugar en que hoy está el colegio San Miguel.

 CAICAEN: Don Pepe, la casa que está en la esquina de Avenida los Héroes con Goycolea – la que tiene una circunferencia- ustedes la habitaron....
DON JOSE: Si...la historia es que de donde Betty pasamos donde Munson (arrendando las casas de la época), entonces cuando fue el incendio a mis padres se les otorgó una casa en la “Población  Balmaceda” por parte de mi mamá, porque mi papá como era español no tenía derecho, pero mi mamá, sí.
En ese tiempo mi papá estuvo un año sin trabajar y nosotros estábamos estudiando en el internado de Ancud: Joaquín, René, la Pilar, Santiago y yo fuera de la casa.  Por entonces mi papá tuvo problemas con la compra de un terreno y no  lo dejaban edificar porque había una situación engorrosa con el asunto de las líneas. A pesar de que fue un daño bastante grave porque mi papá ya había quedado sin recursos, con nosotros 4 afuera y pagando internado, pensión...
Don “Josecito Castrillón” le arrendó a mi padre una mediagua, o una especie de bodega, así que ahí empezó nuevamente a surgir. Cuando mi papá llegó a Calbuco aquí el único vendedor mayorista era Don José Luis López cuya bodega la tenía aquí en la actual esquina de la plaza frente a la casa parroquial. Allí él tenía incluso su “fábrica de bebidas gaseosas”. Después también tenía fábrica y abarrotes Don Darío Morales.

CAICAEN: A propósito nos cuentan, que aquí en Calbuco se producía una rica bebida gaseosa...
DON JOSE: Claro. Aquí tenían fábrica Don Lucho López, Don Daría Morales y también tenía mi padre cuando vivíamos donde Raúl Munson y también había una del señor Latorre que vivía donde Tito Martínez, cerca del hospital.
Entonces se envasaban en unas botellitas especiales que arriba tenían unas bolillas y para tapar la bolilla había que mover la botella, eso hacia la presión del gas y uno entonces tapaba la botella...

CAICAEN: Entonces ¿usted vio como se hacía la bebida gaseosa en Calbuco...?
DON JOSE: Sí, lo supe. Claro.

CAICAEN: ¿Alcanzó a trabajar en eso...?
DON JOSE: Sí. En la casa de mi papá nos hacían trabajar cuando chicos. A Juaco; René y al que habla. A veces a mí me ponían en la bomba; en el volante de la “máquina saturadora”, muchas veces cuando legaba por ejemplo a 4 grados el gas que se le ponía a la bebida, en el depósito había que hacer harta fuerza. A mí me costaba porque como era flaco... Mi hermano arreglaba la máquina cuando a veces se descomponía, él siempre tuvo esa habilidad.
Posteriormente habitamos la casa de Avenida Los Héroes con Errázuriz... Allí nació Don Eulogio Goycolea, y Eleuterio Ramírez vivió en la que habita el Señor Almonacid (abajo en la plaza), recuerdo que había una casa que tenía un balcón, después había allí una peluquería de don Isaías Soto, abuelito de “Chito” Soto..
En ese tiempo el padre de don Eleuterio Ramírez desempeñaba un cargo público.

CAICAEN: Hablemos de la Historia de Calbuco.
DON JOSE: Bueno, en 1621 desde Calbuco salió una expedición hacia la Argentina al mando del capitán Francisco Flores León. Este caballero era descendiente de los reyes Borbones de España y fue acompañado por unos 40 indios o mejor dicho naturales huilliches. Salieron en canoas, o sea con elementos de navegación netamente calbucanos. Es un viaje que tiene una enorme importancia.. Desgraciadamente es lo único que yo sé. Lo poco que leí. Por eso pienso: ojalá se me dé la oportunidad de ir a Santiago para encontrar realmente el autor, al historiador argentino que escribió esto para ver si la expedición que salió de Calbuco descubrió el Nahuelhuapi y ver si al mismo tiempo allá se radicaron calbucanos.
En ese sentido tiene una tremenda importancia porque seríamos unos de los primeros habitantes de la región o área del sur argentino con gente salida de Calbuco. Posiblemente allí vivieron araucanos. Porque lo poco que leí del historiador argentino –yo sé que se escribe con “B larga” pero no me acuerdo exactamente del apellido. Eso lo leí el año 1952- hace resaltar eso. Pero es posible que allí haya un poco de gato encerrado porque se puede haber tergiversado el asunto de la estadía de los chilenos, porque entonces seríamos nosotros los que decidiríamos el asunto de los límites a través del tiempo...

CAICAEN: Es decir usted leyó un documento que lamentablemente se le ha extraviado...
DON JOSE: Sí, pero yo creo lo puedo encontrar porque recuerdo como puedo ubicarlo. Por eso yo quiero ir a Santiago, posiblemente lo haga el próximo año.
CAICAEN: Sigamos hablando de Calbuco. Año 1943. Incendio. ¿Cómo vivió ese aciago?.
DON JOSE: Lo que más recuerdo es lo siguiente: En primer lugar nosotros los hermanos salimos a ayudar a distintas familias que tenían sus habitaciones próximas a quemarse. Las tiendas como es el caso de don Yaró Salem, donde yo estuve trabajando... De allí acarreamos mercadería hasta la casa de don Juan Bosnich  que estaba al pie de la escalera de cemento en lo que actualmente es la avenida Vicuña Mackenna... Entonces el incendio comenzó en la gobernación Marítima que estaba a cargo de un señor Herrera. Fué más o menos como a las dos o dos y media de la tarde.
Yo estaba en mi casa descansando, porque ese día jugamos un partido de básquetbol. Después cuando ya se desató el incendio, cada uno se fue a distintas partes... Yo fue a ayudar en el Hotel Frankie y luego vine a la casa y me encontré con algunos amigos, así que los invité a que tomáramos unos traguitos después que pasó todo. Como también lo hicimos el año ’46 cuando se quemó nuestra casa... Entonces nosotros sacamos bastantes cosas. Allí recuerdo fue doña Elena Bustamante, que era dueña del “Club Musical 21 de Mayo” que era un localcito que le vendió parece don José Luis López. Allí había licores. En esa esquina vivía también doña Margarita de Klenner.
Ahí nos pasó un chasco muy bonito. Había una señora que sacó sus cositas hasta el muelle. Era doña Eduvina Soto. Entonces doña Eduvina tenía un chanchito y más o menos como a las 6 y media o 7 de la tarde pasó por allí un remolino, ¡tremendo remolino!... La base sería unos dos metros y hacia arriba se iba abriendo, girando fuertemente y la acción de este remolino se quería llevar al chancho que estaba amarrado en la baranda izquierda de la entrada al muelle y nosotros con mi hermano Juaco (Joaquín) hicimos fuerza para poder soltar al chanchito. Efectivamente lo libramos. El error nuestro fue que no pensamos en que el remolino perfectamente podía haber cambiado de rumbo y nos hubiese llevado a nosotros en vez del chanchito.
También hubo mucha gente que fue a guardar sus cosas en la casa de Kappes, que era una casa de zinc de 2 pisos pintada de color verde y que estaba a muy buena distancia de las otras propiedades que había, o sea bastante aislada.
Recuerdo que de pronto comenzaron a salirse las latas de esa casa y esas calaminas se expandieron por el aire y de allí se abrió el fuego- o sea que se quemó todo lo que estaba encargado en la casa. Supongo que se perdió todo. Eso fue como a la hora que paso el remolino.

CAICAEN: ¿Cuántos años tenía usted entonces?
DON JOSE: Yo tenía 16 años y recuerdo que alcanzamos a salvar una escopeta –yo no manejé nunca una escopeta, mi hermano Juaco sí- y como a las doce de la noche más o menos vienen unos botes y nosotros teníamos mercadería en el muelle y otro poco en unos botes. Entonces mi hermano realmente dejó que esos piratas sacaran la mercadería y después
les apuntó diciéndoles que descargaran lo que se estaban llevando.
También voy a contar que nosotros no sabíamos dónde estaban nuestros otros hermanos. Lo que supimos fue que se embarcaron en una lancha y se fueron hacia “La  Vega”. Uno de los hermanos quedó donde don Pancho Soto y el otro donde don Guillermo Bórquez; y mi madre también. Por esos días mi padre estaba en Santiago. Había ido a buscar a mi hermana que estaba estudiando en el Liceo Nº 1, allá en la capital.
(Por otro lado) Don Milton Bosnich formó una “Brigada de Salvataje” y anduvo con unos botes viendo si había alguna novedad en el sector costero porque mucha gente dejó sus cosas en la playa.
A Ahí en el muelle estaban las cosas de doña Elena Bustamante: vinos, licores, confites y otras cosas y entonces nosotros escuchamos que la señora Violeta de Ulloa estaba pidiendo socorro y Juaco quedó cuidando la mercadería y ví a unos bomberos que no eran de Calbuco y uno con grado, que querían abusar de la señora; quitarle las bebidas y que sé yo... Entonces yo le dije a ese bombero que como podía ser que quisieran abusar de una mujer que no se podía defender y el caballero del fuego me amenazó diciendo que no salga del muelle, reservándome los términos en que me lo dijo.
Nosotros vimos el incendio desde el muelle. Fue dantesco. El centro comercial se quemó todo. Lo que se salvó fue la iglesia. Ahí el padre Juan -cuyo apellido era sumamente largo, además para los idiomas le pego bastante poco- junto a algunos fieles sacaron a San Miguel. Se quemó la Escuela Balmaceda que estaba al frente, pero no la iglesia y por el lado del señor López mirando hacia la calle Galvarino Riveros la primera casa quedaba a la altura de la actual comisaría. Era de doña Carmen Navarro. A esa parte no llegó el fuego.
De esa manera viví yo el Gran Incendio de Calbuco en 1943.

CAICAEN: Hablemos ahora del Hospital de Calbuco...
DON JOSE: El hospital fue construido en... (o mejor dicho las obras del hospital), bajo el gobierno de don Pedro Montt en 1906, no-perdón, en el gobierno de don Germán Riesco en 1905; el contratista fue el señor Belisario Aguila. Esto estaba en los libros de actas del hospital. El libro de actas de hospital de Calbuco de la ex junta de Beneficiencia de aquellos años, realmente era una joya por la caligrafía. La letra en que estaba escrito, hoy día ya no se hace. Era una cosa de arte, porque eran unas letras góticas-alemanas, se veía precioso. El papel era especial, su nombre era “Papel Perspectivo”, sumamente delgado. Entonces yo leí eso donde decía que el contrato fue por la suma de $5.000 y se le adelantó al contratista la cantidad de $ 1.000 para la compra de materiales y otros gastos.
El hospital se inauguró el 8 de marzo de 1908. En ese mismo año con fecha 25 de febrero llegaron a Calbuco unas monjas procedentes de Alemania. Eran tres monjas que se hicieron cargo del hospital y tuvieron gravísimos problemas por cuestiones políticas de aquella época, porque en ese tiempo la Junta de Beneficiencia no otorgaba los fondos necesarios ni aprobaba los presupuestos para que pudiera funcionar el establecimiento. Así que las monjitas estuvieron apunto de volver a Alemania. Afortunadamente todo se solucionó.
La primera Directora del establecimiento fue la madre Federica... En el diario “La Unión” (periódico calbucano de la época) que yo leí en Santiago decía que entre los actos de celebración de la apertura y entrega al público de ese establecimiento el primer paso fue un acto religioso con una solemne procesión por las calles del pueblo. Eso fue realmente la parte más trascendental del acontecimiento de la inauguración del hospital de Calbuco.
Hay otro dato importante que es bueno dar a conocer...
En el año 1918 aquí en Calbuco estuvo el famoso doctor Otto Reuter y se dice que tenía un equipo de Rayos “X” y siendo funcionario del hospital realmente yo nunca lo pude establecer; pero debe haber alguna crónica en un diario de la época.
El doctor Reuter, eso sí, no era médico si no químico farmacéutico, pero por sus conocimientos en Medicina trabajó en el hospital, tal como lo hicieron las monjitas alemanas, porque tal vez no se ha constatado si ellas tenían conocimientos de medicina; es muy posible que lo hayan tenido... el hecho es que Don Otto Reuter ejerció como médico en hospital de Calbuco.

CAICAEN: ¿Cómo comenzó su carrera de administrativo de la Salud?
DON JOSE: Yo realmente comencé trabajando en Maullín. Allí el director del establecimiento era el doctor Otto quién se comportó muy bien conmigo y eso lo quiero destacar y siempre lo he distinguido. El era un gran médico cirujano perdido en Maullín, donde llegó el año 1926. Gracias a él me quedé en ese hospital durante un año y medio como administrador.
En el  año 1955 llegó a Maullín un doctor de nombre Viroslav Yuraseck, padre de doña María Yuraseck, la que murió en Santiago debido a una explosión que sucedió en un pabellón quirúrgico en un hospital. Entonces este caballero le pidió al doctor Otto o le sugirió  que yo debía salir del hospital y el doctor Otto le dijo que no, que primero debía llegar a una resolución para saber quien debía irse del hospital y con esa respuesta este señor se calmó y después convinimos muy bien con un excelente personal de los cuales recuerdo a un amigo que se llamaba   Eudulio Arcos Reyes, cuyo padre Don Rudecindo Arcos trabajaba a honores en el hospital, iba a ayudar todos los días.
De allí  me vine el año 1955 a Calbuco y aquí había un gran médico, el doctor Alejandro canales de la Cerda-Guzmán de la Barrera, así de largo era el apellido.
En el hospital se atendía en una sola sala a los adultos, a los niños y las embarazadas lo que actualmente es conocido como un Box de Consulta, allí se hacían todas las consultas que llegaban al establecimiento.
Se recuerda a los doctores de ese tiempo como el Dr. Barrientos, el Dr. Pérez, el Dr. Renato Carrasco, El Dr. Ma6teo Cabrera, recuerdo también cuando vino el Dr. Roncone, Silvio Roncone, entonces este caballero estaba destinado al hospital de Castro y fui enviado a través de la División de Servicio de Salud-Calbuco y nosotros lo convencimos para que se estableciera en Calbuco porque en  Castro  iba a ser un médico más y aquí tenía la posibilidad de ser director del hospital, aparte que como médico podía ejercer mucho mejor, así que se quedó.
Con el doctor Roncone vinieron cambios radicales en la atención de la gente; se habilitó una sala de pediatría y hospitalización, una sala para Box de Consulta y el Box de adultos y se arreglaron los cielos rasos de algunas salas y otras cosas...
Prácticamente este doctor abrió el hospital hacia la comunidad imponiendo un modo distinto de atender, fue una gran innovación, la atención aumentó considerablemente, el reparto de leche..., y el mismo atendía a cualquier hora del día, en síntesis entre 1968 y 1969 ó el 70 el doctor Roncone hizo una gran labor social.  Se preocupó mucho de la Pediatría.
Claro que uno de los grandes problemas que hubo fue la introducción o la incorporación del suero, especialmente por su aplicación a los niños porque cuando llegaban los niños en casos extremos en estado incontrolable especialmente con la gente que venía de lejos, la demora del viaje... y pasaba que muchas veces el niño fallecía y el suero no podía  hacer el milagro porque la enfermedad ya estaba pasada con arrastre de muchos días...entonces la gente generalmente decían que el suero era para matar a los niños.
Cuando yo escuchaba  eso- nunca se lo dije a él- yo le decía a las personas que no, que como un médico iba a estudiar para matar a los niños. Si no que precisamente para salvar a las personas, ahí quizás me entendían.
El hecho es que cuando llegó el doctor tuvo esa dificultad, creo que nunca lo supo, pero yo sí lo escuché varias veces.
Recuerdo que cuando yo llegué a Calbuco había un dentista calbucano que fue un alumno excepcional en la Universidad de Concepción, Don Juvenal Kappes.
El doctor Kappes tenía en ese tiempo una máquina medio manual, era tremenda... y el ruido... que era espantosa.  Cuando me quise tapar los dientes, él no lo pudo hacer porque yo le tomé la broca, esa que tenía para hacer la ortodoncia que se debe hacer en la dentadura... en dos oportunidades de puro miedo le  rechacé la máquina con las manos así que me dijo que tuviera cuidado porque se me podía romper la cara, así  que  en vez de tapaduras tuve que sacarme los dientes, por mis nervios fue la única solución.
Antes de eso había un vecino calbucano que sacaba dientes con un alicate en su casa o domicilio, ese caballero se llamaba Don Ramón Arturo Soto,  a mí me consta.
El hospital cuando yo llegué a Calbuco tenía una ventanilla chica, entonces cuando el hospital dejaba de funcionar se atendía por allí a la gente que llegaba con emergencias... era como un convento, daba esa impresión.
Bueno, como los primeros funcionarios eran religiosas alemanas, se justifica que la puerta haya tenido la ventanilla, había además un pequeño “Hall” de entrada y había una pieza para los hombres que se llamaba Sala San José y el hospital también se llamaba Hospital San  José  de Calbuco.

CAICAEN ¿En qué año se incendió el hospital?
DON JOSE: El hospital se quemó el 11 de octubre de 1963. Y la persona que vio el inicio del incendio fue la funcionaria Doña Lucy Montaña de Evens- esposa de Nano Evens-, ella fue la primera.
Había una sala grande que se había arreglado para al atención de consulta y pediatría, entonces se le colocó una salamandra y se cambió la chimenea; los caños los hizo el maestro Sepúlveda a quien se le pidió que dejara una ventilación, entonces de julio a octubre la chimenea estaba prácticamente nueva.  Lo que pasó fue que le pusieron leña seca y  cera, entonces realmente cedió la chimenea y la primera en verla Doña Lucy Montaña, en ese momento también iba llegando el Sr. Yurac, doctor y director del hospital.

CAICAEN: ¿No hubo desgracias personales, verdad?
DON JOSE: No, no hubo.  Absolutamente ninguna desgracia.  Lo único es que el hospital se quemó rápidamente.  Yo vivía en la casa de Alfonso Neira y cuando llegué ya no se podía hacer nada.
Algunos días después, el 16 de octubre de 1963 vino a Calbuco el doctor Gustavo Fricke y yo tuve que acompañarlo.  Cuando el vio los restos que quedaban del hospital, las cenizas y algunos escombros, de pronto me pasó la mano y me dijo:  “Les felicito porque quemaron su hospital, ahora tendrán una construcción moderna”.  Verdaderamente, eso me dijo.
Él era entonces Director general del SNS.  De allí salió el proyecto para construir un nuevo hospital en 1966.  Algunos pensaron que se iba a construir en calle Sargento Aldea, en lo que llamaba “la pampa de los Bustamante”, pero en definitiva quedó arriba en el mismo lugar que se encuentra hoy.
Este edificio fue inaugurado en 1969 con la presencia del Presidente Don Eduardo Frei Montalva.

CAICAEN : ¿Cuántos años trabajó como funcionario del hospital?
DON JOSE: Yo me desempeñé como administrativo del Hospital de Calbuco por espacio de 40 años y quiero expresar a todos mis compañeros, los que confiaron en mí, los que supieron que yo les podía responder en cualquier momento, que me tuvieron consideración personal y me distinguieron siempre con su amistad y respeto.  Mi afectuoso agradecimiento a cada uno de ellos.
Mis recuerdo para Doña Ema Alvarado Argel, Practicante, Luis Villegas Velásquez, Inspector sanitario, Mercedes Gallardo Molina, Cocinera, Adelaida Almonacid de Lavandería, Julián Low Lincomán, Auxiliar que en los duros tiempos tenía que acarrear  el agua para el hospital, entre otras cosas.  Después estaban Héctor Arriagada Alvarez, Augusto Gallardo  Molina, Margot Barría Vargas, también llegaron trasladados hasta aquí Nelly Sánchez Barría, Paramédico de mucha experiencia – parecía médico, Nora Ulloa Gallardo, Olga Negrón, Felisa Fracsinet matrona, el Dr. Jorge Nielsen, dentista; el dentista el Dr. Carlos Muñoz Orrego, dentista, Elena Guerrero Gallardo. Pido disculpas si se me escapa el nombre de algún funcionario...
Muchas gracias a todos.                                                                              
                                     Transcrito en Noviembre de 1996, Calbuco   
   Por ALEJANDRO VIVAR DIAZ


PARA CITAR (En caso de Copia): 
REVISTA CUADERNOS DE CAICAEN HISTORIA Y FOLKLORE DESDE LAS ISLAS, “Fragmentos de la memoria del pueblo: Don José Enrique Moneva Muñoz”, N° 6 Calbuco 2002, PP. 5-15